julio 15 2011

El Autor

Gervasio Portilla – Diacono

 

“Los diáconos participan de una manera especial en la misión y la gracia de Cristo. El sacramento del Orden los marcó con un sello que nadie puede hacer desaparecer y que los configura con Cristo que se hizo “diácono”, es decir, el servidor de todos.

Diaconía es sacramento, es entrega, es consagración al servicio ministerial del Señor y de los hermanos. De todos los hermanos, en especial de los enfermos, de todos los pobres y de todo aquél que sufre, en general

 

La vocación para prepararme para servir al Señor a través del diaconado permanente, me vino después de una larga vinculación a mi Parroquia como catequista y también desde el convencimiento de que la mies es mucha y los obreros son pocos.

Es responsabilidad de cada uno de nosotros, dar una respuesta afirmativa a cada vocación; en mi caso tengo que deciros que tengo que dar gracias a mi familia, mi mujer y mi hija, que me ha facilitado mucho toda la preparación y vivencia personal de la fe y a la ayuda de muchos sacerdotes que desde diferentes ámbitos me han animado y ayudado mucho hasta llegar aquí.

En este sentido, digo con orgullo que el clero diocesano me ha acogido en todo momento con mucho cariño.

La oración y la fuerza del espíritu son fundamentales en este proceso, en el que puede haber estados coyunturales de cierto desanimo.

Considero también fundamental en esta experiencia el vivir comunitariamente la fe y ponerse en manos del Señor para que el.

La devoción a Maria Auxiliadora, a la que he acudido en momentos difíciles ha sido el mejor bálsamo en esas circunstancias en las que la noche parece ocultar lo fundamental.

En mi proceso, también tengo que destacar la confesión frecuente con sacerdotes de gran bondad y comprensión, a los que con libertad he expuesto mis dudas y problemas.

Aprovecho esta oportunidad para agradecer a tantas y tantas personas su cariño y afecto además de su continuo animo.

Gervasio.